Autor: Juanchi Galeano
Publicado en: http://www.sannicolasweb.com.ar/sn.asp?sen=32
si es herido de muerte subcutánea
si este poema cae
se me ocurre que es tiempo de seguir escribiendo precipitadamente
al viento
a toda costa
en silencio
de golpe
seriamente
en voz muy alta
aquí después de hora
se me antoja que es casi necesario si este poema cae
caer con él…
Es pesada su pluma. El cálamo está cargado de tinta sangre postergada de todo un continente. Bebió del tintero profundo de las venas abiertas de toda nuestra América Latina.
Dejo
Hoy, no obstante esa sagrada tarea,
Es tiempo de la lucha de tiza contra los cuarteles
De partir y repartir la palabra como el pan caliente, para alimentar la conciencia famélica de verdades de los pueblos.
De juntar los huesos de nuestros treinta mil esqueletos y arrojar sus gritos silenciados en los centros vitales de la concentración económica especulativa.
Tenemos derecho al partido de fútbol transmitido gratis por la tele los domingos; y al trabajo con salario dignos los lunes, los martes y todos los días hábiles del año.
Tenemos derecho a los boliches sin patovicas, a las peñas, a los cafés literarios, a la salida con ropas de estreno los sábados.
Tenemos derecho al hospital público,
Tenemos derecho al agua potable, al gas natural, a
Al auto cero kilómetro o al usado en buen estado. A la bicicleta y a
A regresar cuando queramos a nuestra provincia, a nuestro país. A quedarnos. A vacacionar sin miedos ni apuro.
Tenemos derecho al paisaje natural sin tala indiscriminada ni minas devastadoras ni pescas depredadoras. A la diversidad de cultivos en nuestra querida Madre Tierra, para no agotarla y sea un recurso sustentable y accesible, mas allá de las rentabilidades de unos pocos insaciables.
Tenemos derecho a la sonrisa y a
Tenemos derecho al asado y al buen vino. Al mate, a la buena yerba. A plantar tomates en el fondo de nuestra casa.
A que crezcan nuestros hijos e hijas sanos y nuestras aspiraciones sin contaminarse.
Tenemos derecho a amar a Dios por sobre todas las cosas; fundamentalmente por sobre las iglesias oficiales y suboficiales, que se atribuyen su representatividad acá en la tierra como en sus cielos que son un infierno.
Tenemos derecho a ser ateos o agnósticos.
Tenemos derecho al sexo. A practicar el sexo y a elegirlo.
Tenemos derecho a la guitarra, al piano, al violín, al violonchelo, a la orquesta sinfónica, al coro,
Tenemos derecho a practicar deportes, a no quedarnos quietos en un asiento de pereza.
Tenemos derecho al maquillaje y al perfume.
Tenemos derecho al teléfono, al diario, a la revista, a tener internet cuando los necesitemos.
Tenemos derecho al grabador, a la máquina de foto, a la filmadora, a registrar nuestra historia con nuestros ojos y dejarla grabada en las retinas de la ajetreada memoria personal y colectiva.
Tenemos derecho a que no nos impongan el año cero. A nuestro propio calendario. El que los padres de los padres de nuestros padres, decidieron por algún hecho importante, que empezaran los días. Tenemos el derecho de que todos los calendarios, circulares o cuadrados quepan en cada calendario.
Tenemos derecho a que la derecha respete el estado de derecho. Esto es a que la Mesa de Enlace de los patrones del campo,
Tenemos derecho a que la derecha no imponga un estado policial y represor.
Tenemos el derecho de tener obligaciones. De no morirnos de inanición política.
Tenemos el derecho de reclamar ¡PAN! ¡PAN! ¡PAN! y a que no digan los medios que eso es onomatopeya de metralla y es peligro.
Tenemos derecho a que los mismos que crucificaron al Hijo del Hombre o de la Humanidad , en el viejo mundo con tres clavos. En el nuevo descuartizándolo, no nos maten como
Tenemos el derecho a sacar un día cualquiera de estos, de algún banco, el futuro que nos lo guardó a plazo fijo un empresario, y mirar la luna y las estrellas una noche, junto
Tenemos derecho a que la golondrina vuele de sur a norte y vuelva sin haber visto un misil cayendo sobre una población indefensa y aterrada.
Tenemos el derecho de no olvidar que tenemos derechos. De latir hasta descubrir la vacuna que inmunice nuestro organismo de todas las pestes diseñadas.
Tenemos el derecho a no morirnos de muertes evitables.
Es tiempo, entonces, de cargar









